
No sé si él lo sentía igual que yo, pero mi cuerpo estaba a punto de arder. Mi respiración estaba entrecortada. Sujetaba mi espalda con su mano derecha. Comenzó a besarme. Haciendo el mismo recorrido. Me debajo caer hacia atrás sin llegar a tocar la cama. Me volvió a levantar (imaginación...). Mantuvimos esa postura varios minutos. Nos besábamos con vigor. No había rincón de mi cuerpo que sus manos no explorasen. Las mías acariciaban sus brazos, su pecho, se aferraban a su espalda. Las suyas, recorrían mis piernas, mi cintura, mi pecho, mi abdomen. Se perdían en el lugar que tan bien conoce. Me dejaba caer despacio sobre la cama, mientras su boca volvía a bajar por mi vientre. Perdía la noción del tiempo él estando allí. Me removía, apretando la sábanas, ahogando mi respiración. No sé cuánto tiempo estuvo allí, ni cuántas veces me oyó decir su nombre. No siguió hasta el final. Quizás sabía que prefiero que me pueda provocar. Volvió a mía boca, me besaba mientras una de sus manos seguía en ese pequeño rincón. Necesitaba que parase. Despacio hice que quedase acostado. Mordisqueé sus labios, su pecho, los surcos de su cintura, el lado interno de la cadera. Continué bajando. --Mordiendo mi labio inferior-- Dijo mi nombre. Alcé la vista escasos segundo. Me miró. Continué mi recorrido, deteniéndome a proporcionarle los mismo que él me había dado. Sentí como sus músculos se tensaban a mi paso. Quería seguir hasta el final. Escuchaba su respiración. Cortada. Ahogada en un deseo mascullado entre dientes. Lo miré en mitad de mi acto. Divisé su lengua pasar despacio por sus labios. Apreté su sexo y continué. Estuve varios minutos. Lo recorría por completo. Le oía decir 'no, no hasta acabar'. Bien sabía que ignoraría sus palabras. Fui más rápido. Con más intensidad. Notaba que no iba a aguantar mucho más. En el último instante, se aferró a las sábanas, pasé mi mano por su abdomen. Sólo se oyó de su boca en e un suspiro mi nombre una vez más. Qué de rodillas en la cama, frente a él, aún tumbado. Me miraba mientas lo observaba recuperar el aliento. Me incitó con esa mirada tan provocativa, 'déjame verte jugar'. Hizo ese gesto tan suyo, levantando la ceja, que puede hacerme enloquecer. Deslizó, de forma sádica en la mirada, su lengua con rapidez sobre sus labios. No me negué. Se levantó y colocó una silla delante de la cama. Yo lo esperaba de rodillas, rozando el borde de la misma. Se acomodó, apoyando su rostro sobre su mano derecha, el dedo pulgar bajo en mentón y el índice sutil en su mejilla. Enarcó su gesto. --Enciendo un cigarrillo, inhalando la primera calada--. Comencé a bajar mis manos desde de mi pelo, bajando la izquierda por mi cuello, mi pecho y la derecha, por mis labios, mi costado derecho. Hasta ambas acabar bajando por mi vientre. Así de rodillas, abrí las piernas, dejando un mínimo espacio entre mi sexo y la cama. Lo miraba y él no dejaba pasar detalle. Me tumbé sobre las sábanas. Mis manos seguían en la parte interna de mis muslos. Adelanté la derecha rozando mi sexo. No aparataba la mirada de él. Con la izquierda apreté ese músculo interno. Sentí que en mi cuerpo volvía a crecer ese calor interno. Ese roce y su mirada clavada en cada gesto, alteraba todo mi ser. Empecé a jugar con mi sexo, despacio. Mi respiración se aceleraba por instantes y decidía aumentar la intensidad de mi propio juego. Una respiración aún más entre cortada. Sentí la humedad que había provocado. Tocaba mi cuerpo. Comenzaban los gemidos ahogados. Su nombre entre ellos. Su mirada era cada vez más incitante. Aún quedaba mucho para que pudiese acabar. Pero él parecía no conformarse con comerme con la mirada nada más. Se levantó sin pensarlo un segundo más. Sus labios rozaron mi sexo. Sujetó mi cintura y tiró de mí hacia el borde de la cama. Nuestros sexos acabaron siendo uno. Yo me retorcía de placer entre las sábanas y él disfrutaba viéndome dejarme hacer. Se había acabado las contemplaciones. Nos dejamos llevar por esa pasión. Me manejaba a su antojo y yo no me negaba a ello. Me pudo dominar cuan bien le parecía. Me dio la vuelta una vez más. De rodillas en el borde de la cama, con mi espalda pegada a su pecho, a su abdomen. Besaba mi cuello, continuando nuestro va y ven sin desenfreno. Me tocaba con un dominio pasional. Apoderándose de mis labios, de cada milímetro de mi cuerpo. Me dejé hacer.
Me puso de frente a él, sujetó mis glúteos, me levantó en peso y con agilidad me pegó a la pared. Mis piernas rodeaban su cintura. Cuan bien sabía que me gustaba estar acorralada entre su cuerpo y la pared. Mis gemidos eran cada vez mayores. El calor de esa lujuria que desataba en mí era más intenso. Presionaba fuertemente mi cuerpo en cada repetido movimiento. Me llenaba de besos, de caricias intensas que parecían desgarrar mi piel, al igual que mis uñas dejaban marcas rojas en su espalda. Lo deseaba, lo deseaba tanto en ese momento que no podía dominarlo. Tenía todo el control sobre mi cuerpo. Apretaba mis glúteos, prensándome contra la pared. Me mordisqueaba cada vez con más intensión de dejar en mí la marca de sus dientes. No sé cuánto tiempo duramos en esa posición, pero parecían infinitos, llenos de placer. Gemidos que llenaban la habitación, calor que nos llenaba y el sudor nos recorría. Continuó hasta el final, hasta que no pudimos más. En el último instante, apretó mi cuerpo al suyo. Sentí cada mínimo movimiento de su sexo en el mío. Cada latente pulsación. Apoyó una mano en la pared mientras con la otra aún sujetaba mi cuerpo. Bastó su intensa mirada para que sobraran las palabras. Estábamos exahustos. Pero nada nos puede sustituir el deseo que nos mueve a hacernos dueños de la pasión que desarrollamos. --Apagando el cigarrillo, manteniendo la ceja izquierda enarcada-- Lamentablemente, sólo ha pasado en mi imaginación. Lástima. Siempre imagino el perfecto placer, como siempre, en una batalla en la que su cuerpo siempre vence mi dominio.